viernes, 9 de enero de 2009

Soy una amenaza

El otro día hubo lío en mi barrio. Parece que robaron en algunas casas y se armó. Yo estaba sentado con un par de amigos en una placita frente a la escuela a la que fui cuando era chico. De un momento a otro aparecieron unos policías y nos cuestionaron de mal modo y bueno, lo de siempre. De todos modos la sacamos barata y se fueron. Creo que no es necesario aclarar que no teníamos puta idea de lo que nos hablaban y de lo que nos acusaban, pero de todos modos el susto lo pasé. Porque a pesar de que nos teníamos nada que ver, ellos hubieran podido encajarnos una buena paliza, llevarnos a la comisaría etc. Y por supuesto que no hubieramos podido decir nada. Igual cuando llegué a casa se me ocurrió este poema que dejo.

Soy una amenaza


Hay que dejarse de pavadas.

Legalicemos las caricias los viernes a la noche,

Los besos encendidos brillando en la noche

Como el chispazo de un pucho.

No nacimos para esto, no queremos que nos reprimas.

Odiamos a la cana cuando viene a rompernos los huesos

Si queremos estar en la esquina de la felicidad

Dragoneando a la piba mas linda del barrio.

Yo soy subversivo, lo admito.

Me gusta tirar mariposas a la calle para que te afanen una lágrima.

Soy una amenaza,

Qué voy a hacer si un láser de sexo me calienta,

Me pudre el bocho cuando me decís “te amo”

Y yo creo que estoy entre tus labios y la magia de la noche.

Hay que hacer legal el hecho de ser poeta,

De no querer mendigar más. Puta madre…

Soy libre para quedarme escuchando el silencio sobre la cama

Y darme cuenta de que el grito que se oye es mío.

No quiero que me metan preso cuando arranco

Una melodía de un jardín y me la llevo a mi casa.


José Pablo Arenas Díaz


2 comentarios:

Marta Pizzo dijo...

Gracias por tus mariposas genio... las hago mías.

Juana dijo...

Me recuerda mi juventud en tiempos de dictadura.Muy bueno!