
Después de mucho tiempo actualizo mi blog, el cual tenia descuidado porque el tiempo lamentablemente no me daba. En realidad, ahora tampoco, pero me hago el vivo y me siento a pensar como si no tuviera mas nada qué hacer. El tiempo pasa y la culpa de estar sentado haciendo nada frente a la computadora me quema como si tuviera una puñalada dolorosa y seca en el estómago. No puedo estar acá, tengo que ensayar, estudiar, practicar pasajes que no me salen de sonatas de Vivaldi, o de Bach, tengo que componer, preparar un examen de un lugar al cual me importa un carajo entrar pero del cual dependo para que acá crean que soy un buen músico. Qué mal, tengo que hacer todo eso y sin embargo estoy acá sentado tecleando cada minuto que pierdo y que después seguramente me va a herir. Ese tiempo que pierdo se transforma en una bala que me lastima y que seguramente dispararán mis amigos, mis maestros, mis padres, porque toda esa gente me quiere, pero sabe lastimarme cuando es necesario. Y a ustedes también. Entonces vuelvo a imaginarme viviendo en un lugar y en una vida donde tenga tiempo para perder el tiempo. Me imagino tocando tangos, milongas, candombes, zambas, bagualas, cumbias, murgas y que la gente igual diga "cómo sabe este chico de música". Porque lamento informarle a mucha gente que la música popular, también es buena música. Estoy seguro que muchos de los profesores de piano que tuve están siendo internados mientras yo digo esa frase, pero bueno...que se jodan quien los manda a perderse de todo eso.
Otra vez miro el reloj y encuentro que no me dice nada. Porque todo lo digo yo. Él mira callado y piensa: "el único que pierde el tiempo sos vos, yo sólo te aviso". Mientras tanto yo veo las horas encarceladas, enjauladas. Miro los postes y los alambres que hay en el tiempo en el cual me manejo. Me siento caminando como una vaca al matadero.
Hoy le escribía un mail a Marta Pizzo, una gran poeta a quien admiro, y se me ocurrió que lo que pasa es lo siguiente. Yo soy músico y poeta, ella también y por eso me comprende, por lo tanto tengo un millón de cosas que pasan por mi cuore, cosas que no pueden medirse en tiempo. Pero cuando trato de pasarlas al papel, necesito tiempo inexorablemente. Entonces no me alcanza una hora o un día o un año. Por eso es difícil este trabajo. Claro que la felicidad de hacerlo tampoco entra en una hora, o un día, o un año. Por eso desalambro los postes de mi tiempo y trato de pasar derecho, sin medirme a mi mismo en horas.